sábado, 21 de enero de 2017

Despertar

Un falso y renovado coraje surgió en mi cuando mis primeras tareas me fueron asignadas. De momento no hacia mas que llevar una mochila a tal lugar o buscar un bolso para dejar en tal otro. Pero estoy seguro que cada cuadra caminada con esos bolsos o mochilas me hacían transpirar como un kilómetro entero. German se convirtió en un habitué de mi sillón que según el era mas cómodo que su cama. La compania no venia mal salvo por la manera en la que se vacía la heladera.
Los controles en Retiro y Constitución eran super estrictos. se crearon nuevos pases de seguridad para ingresar a microcentro y solo servían para un rango especifico de calles y de horas. Lo esclavista de mi trabajo me daba un pase azul que me dejaba ir de retiro hasta Av. Belgrano y de ahi hasta mi trabajo con un rango de 10 horas. No era la gran cosa pero la mayoría no tenia mas que ocho horas y media y correr para salir de su trabajo hasta fuera de su zona.
No eran grandes encargos pero me sentía como esos espias de las películas de los 90´, siempre alertas y con respuestas sagaces. Pero solo me sentía asi, la mayoría del tiempo estaba demasiado aterrorizado de ser encontrado llevando volantes de un lugar a otro y la unica vez que me preguntaron algo en un control respondí monosilabos en ingles que me hicieron sonar como un tartamudo por lo cual los guardias del control se tentaron y me dejaron seguir.
Al parecer y en palabras de German mi cara de boludo me hacia perfecto para la tarea nadie sospecharía de mi. No se bien como tomarlo yo seguía fantaseando con ser todo un 007.
Claro, todo esto cambio cuando una mañana como cualquier otra en la fila de inspección separaron a una joven. Estaba unas cuatro o cinco persona delante mio. Parecia otro de esos controles sorpresa que hacían en las terminales, ella accedio tranquila pero tras unos pasos ... el caos. No llegue a entender que grito, pero lo próximo que senti fue la onda expansiva. Estaba tirado en el piso no entendía que pasaba, no sentía nada salvo un horrible chirrido. Las luces se apagaron.
 "Despertate decía una voz cálida vas a llegar tarde de nuevo..." Me abrace a la almohada. "Vamos vaguito, hoy no te puedo llevar" Reconocía esa cama, ese techo, camine descalzo automáticamente a mi lugar en la mesa. La gran taza blanca de cerámica, el mate cocido y las tostadas..." Dale apúrate no vas a llegar" No puedo ver su cara pero se quien es, ese tono entre dulce y serio. Mama, ma?

Despertó, fue lo primero que escuche no vi quien lo dijo. El techo no era el de mi casa y la voz no era la de mi madre. Solo puedo ver con un ojo, el otro no lo puedo abrir. Peor aun no puedo tocar mi rostro. El ruido metálico es inconfundible... estoy esposado a la cama.